Nota: inicialmente el blog fue pensado como un espacio para publicar los ensayos escritos durante la vida universitaria, hoy se trata de un escenario de reflexiones personales; en eso radica la variación temática entre las primeras entradas y las demás. ¡Bienvenidos!

domingo, 23 de agosto de 2020

Sobre las personas chocantes

No sé si a todos les ha pasado como a mí, pero en este tiempo de aislamiento me he visto obligada a hacer reflexiones en relación con un sin número de realidades humanas. Muchas las he compartido en las redes sociales, pero a veces una publicación en twitterfacebook o instagram es insuficiente para expresarlas en su totalidad. 

Con ocasión de mi cumpleaños estuve pensando en tantas personas que he conocido a lo largo de mi vida. Un día alguien me hizo caer en cuenta de que tenemos tantos amores como personas conocidas en la vida. No es posible querer a dos personas de la misma forma porque cada quien tiene una historia y cada persona es el resultado de esa historia.

Quienes permanecen a lo largo de nuestra vida, a veces cerca y a veces distantes, son las que llamamos amigos, de esto hablé en una entrada anterior. Otros son circunstanciales y únicamente nos acompañan en una etapa: el colegio, la universidad, el trabajo, etc. Existen múltiples factores que inciden en nuestra forma de relacionarnos con los demás: temperamento, gustos, procedencia, etc. 

Esos factores son motivos de acercamiento o de distanciamiento, es así como llegamos a sentir mucho cariño por unas personas y desprecio por otras. Es sobre el último punto que quiero hablar. Pero antes de dar rienda suelta a mis ideas quiero preguntar: ¿se han dado cuenta de que muchas veces somos nosotros esa persona molesta para los demás? 

Está de moda la palabra empatía pero me parece que poco sabemos sobre ella. Un día me encontré por ahí en cualquier página de facebook, una frase que decía que debemos ponernos en el lugar del otro, pero como si fuéramos el otro, no nosotros en su lugar. Me pareció muy cierta y muy atinada esa recomendación. Hay una diferencia enorme entre las dos actitudes, la primera nos lleva a pensar en los demás, la segunda en nosotros mismos pero en otra posición.

Cada quien es un mundo y una historia y para conocer un poco sobre eso es necesario ponerse en el lugar del otro como si fuéramos el otro. Tenemos que ser más valientes y salir de nuestra burbuja de cristal para navegar en las turbulencias de los demás. Así, antes que llenarnos de motivos contra las personas, seríamos más comprensivos y con eso evitaríamos la crítica destructiva que perturba la convivencia y los juicios internos que alteran nuestra paz interior. 

Nos convertiríamos entonces en una fuente de alegría y serenidad para los demás y contribuiríamos a la construcción de una sociedad mejor en la que todos tienen cabida. A propósito de esto, pienso que el discurso de la empatía está muy ligado al de la inclusión, en últimas lo que se reclama es el reconocimiento de los demás. En la mayoría de las veces se refiere a las personas que "no se adecuan" a las "construcciones sociales", a las minorías y a los débiles. 

Lo curioso es que, aunque el discurso es reiterado, todos parecemos estar esperando que las cosas cambien como por arte de magia: en virtud de alguna política pública, de alguna ley o del cambio de actitud de los demás. Lo primero de lo que debemos convencernos es que la sociedad refleja de alguna manera lo que son las personas que la componen. Hace poco estuve en un conversatorio de liderazgo y entre otras cosas aprendí que un líder es aquel que motiva con el ejemplo. 

Mi propuesta es que empecemos nosotros mismos a incluir y aceptar en nuestro mundo a esas personas que, vamos a decirlo así, no se adecuan a nuestros patrones por cuestiones de temperamento, hábitos, aficiones, convicciones, procedencia, etc.; que tengamos la valentía de, insisto, salir de la burbuja de cristal y adentrarnos en las turbulencias de los demás para entenderlos y aprender a amarlos y servirles de la forma que nuestra voz interior nos indica.

Podemos ser sal y luz, puerto seguro, refugio al que cualquiera puede llegar y sentirse tranquilo en la tempestad. Parece una utopía, pero estoy segura de que no lo es. Creo que los seres humanos somos capaces de construir una sociedad mejor y no dudo que vale la pena intentarlo. Así, además, seremos menos molestos para los demás (a propósito de la pregunta...).


Los buenos amigos son como esta playa: aparecen como tierra firme cuando las tormentas de la vida parecen hundirnos. Son una fuente inagotable de alegría y paz. 

1 comentario:

Anónimo dijo...

Buenas noches.

Leyendo, encuentro una serie de reflexiones de carácter histórico (universidad), circunstancial (empatía) y propositivo.

Lo que no encuentro es la relación de estas reflexiones con "personas chocantes", cómo se titula la reflexión general.

Creo que puedes puntualizar más y encontrar la sinergia de estas tres, con el título propuesto.

Felicitaciones por la iniciativa.