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lunes, 27 de julio de 2020

A propósito de la etiqueta #ChallengeAccepted

Este fin de semana se volvió viral una cadena titulada challenge accepted. Se trataba de publicar una foto a blanco y negro luego de recibir un mensaje de alguna amiga cuyo contenido en resumen era: "eres bella". Lo curioso del mensaje era que la belleza no estaba definida como una característica física:

I was careful to choose who I think will meet the challenge, but above all who I know who shares this type of thinking, among women there are several criticisms; instead, we should take care of each other. We are beautiful the way we are. Post a photo in black and white alone, written “challenge accepted” and mention my name. Identify some women to do the same, in private. I chose you because you are beautiful, strong and incredible. Let's each other!



Según el mensaje las relaciones entre las mujeres están marcadas por las fuertes críticas de unas a otras, la llamada solidaridad de género brilla por su ausencia. Me parece que algo de verdad tiene esa afirmación: ¿a qué se debe? Hace poco leí un libro titulado Cómo hacer que te pasen cosas buenas. Una de las recomendaciones era <<mira la luz de los demás y trátalos como si fuera lo único que ves en ello>>. Pensé que es realmente difícil ver únicamente la luz de las personas y más cuando son vistas como una amenaza. 

En la actualidad reina un patrón de belleza fantástico, materialista y superficial: una mujer es hermosa siempre y cuando no tenga manchas, estrías, arrugas y canas, por decir lo menos. En resumen: las mujeres no podemos envejecer: el ideal de belleza está determinado por las pautas publicitarias y vivimos comparándonos las unas a las otras en relación con éstas: creo que es por eso que constantemente y de manera inconsciente nos percibimos unas a otras como una amenaza. Todo el tiempo estamos compitiendo en silencio por ser "la mejor", me pregunto: ¿en qué escenario y a qué precio?

Hay que admitir que esta reflexión sobre los patrones de belleza es cada vez más frecuente y en algunos casos ha llegado al extremo opuesto. En ambos escenarios el culto rendido al cuerpo es equivocado. Admiro el esfuerzo, la disciplina y la paciencia de las mujeres que trabajan con su cuerpo y lo cuidan para formarlo y que se vea bonito, sin embargo, percibo que algunas ponen en eso el sentido de su existencia. Para contrarrestarlas otras se descuidan y tratan su cuerpo con desdén y hasta lo dejan enfermar (hipertensión, diabetes, obesidad, por ejemplo).

Estoy convencida de que la belleza emerge del interior y todo lo que expresamos con el cuerpo -gestos, palabras, actitudes- habla de las demás dimensiones de nuestra existencia y de cuánto nos amamos a nosotras mismas. La belleza es una cualidad propia de la mujer, pero no concibo la belleza sin la armonía y me parece que en este contexto la armonía se traduce cultivar la vida del espíritu para tener paz y dársela a los demás, hacer ejercicio y comer bien para ser mujeres saludables y llenar la cabeza de buenas y revolucionarias ideas para construir un mundo mejor. 

Hace muchos años leí un libro dedicado a la naturaleza y misión de la mujer. Se trata de una recopilación de textos académicos de Edith Stein. Entre otras cosas, la autora destaca las hazañas de que es capaz una mujer cuando las circunstancias lo requieren: recuerda que <<cuando se trata de ser el sostén de niños sin padre o de proveer a hermanos huérfanos o padres ancianos, entonces puede una mujer con espíritu de sacrificio realizar las acciones más sorprendentes>>.

Los anteriores situaciones no nos resultan ajenas, en mayor o menor medida somos conscientes de ellas y en todo caso esas mujeres resultan paradigmáticas, no propiamente por sus características físicas sino porque ellas en conjunto son dignas de imitar y de admirar. ¿Que tal si nos propusiéramos ser mujeres paradigmáticas en nuestras ocupaciones ordinarias?

A propósito de eso, Edith Stein reconoce la importancia que tiene la participación de la mujer en los escenarios profesionales: a ella le acredita que el trabajo sea considerado como un medio para el desarrollo personal de quienes lo desempeñan porque es capaz de ver más allá. La única condición es que conserve sus características femeninas.

Es innegable que la sociedad está construida con una visión predominantemente masculina porque, como es bien sabido, la participación de las mujeres en la vida pública es un hecho reciente. Ese devenir lo atribuyo a que existen circunstancias naturales que en una época determinada de la humanidad obligaron a ello. Hace poco hablando con unos amigos concluimos que la fuerza física fue un factor determinante. No es lo mismo vivir en en año 2020 de la era cristiana que en el paleolítico.

El predominio de la fuerza física se mantuvo incluso hasta muchos siglos después de Cristo, pero hoy está mandado a recoger y es, en todo caso aterrador, que haya trogloditas que piensen y vivan creyendo que aún es más importante la fuerza física que otras virtudes. Lo que predomina ahora es la fuerza de las ideas y pienso que esta circunstancia ha facilitado la participación más activa de las mujeres en la vida pública.

Muchos autores afirman que la forma de conocer de la mujer es superior y más perfecta que la del hombre porque no requiere de procesos tan largos para captar las cosas en su totalidad, puede hacerlo en un solo momento. Esto es aceptado por el común de las personas, no en vano dicen que las mujeres somos "multi tarea" y que tenemos un "sexto sentido". Esas capacidades son características propias del ser femenino.

Las profesiones y la forma de enseñarlas, son construcciones sociales y están elaboradas con mentalidad masculina. El reto de las mujeres es incorporar a esas actividades la visión femenina de la sociedad y del mundo para mejorar las cosas maravillosas que ellos empezaron.

3 comentarios:

Nicolás Díaz dijo...

Estoy de acuerdo contigo en muchos puntos excepto en lo de la inteligencia y el multitasking. De repente hay cosas distintas en el modo de aprehender y conocer las cosas, pero ni superiores unos otros (es decir, no somos más inteligentes los hombres ni al contrario). Sí concedería que son más intuitivas.
Ahora, el multitasking es algo que se alaba mucho en esta época pero he visto que es más un mito y, de hecho, es una forma pre-civilizada de hacer las cosas: los seres humanos nos enfocamos para lograr objetivos complejos (sublimación) y progresar; la mera animalidad es la que tiene que estar pendiente a la vez de muchas cosas: la supervivencia (que no se lo vayan a comer), la reproducción (posibles parejas), el alimento (sin quitar los ojos del entorno), etc.

Alicia dijo...

LA fuerza de las ideas, me encantó eso y toda la reflexión.

Ángela Marina dijo...

Gracias Alice. Qué alegría que hayas pasado por aquí y más aún que hayas dejado tu huella ;)